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Policías extorsionan chicas transexuales

 La extorsión policíaca se mantiene en la Zona Norte de Tijuana, y casi toda la comunidad transexual se ha visto afectada por las constantes extorsiones de los uniformados, dio a conocer la directora de la Casa Trans, Jessica Zamacona.

Indicó que hay muchos casos en los que la autoridad extorsiona.

«En la calle Coahuila, en la Zona Norte, muchas chicas trans que se prostituyen, son extorsionadas porque no tienen permisos para estar ahí, no hay un control, y por ello las perjudican, hay abusos sexuales y las chicas no pueden denunciar por temor a que les pase algo de parte de la misma autoridad, sin embargo sí ha habido acusaciones, pero han hecho caso omiso».

Dio a conocer que tiene la intención de formar una Unión Trans Internacional en donde este tipo de casos sean dados a conocer.

«Muchas chicas no tienen identificación y el conflicto surge porque su nombre oficial es el de un hombre. En el caso de la Zona Norte sabemos que hay una tarjeta que te da salubridad y que debes tener para poderte prostituir, el problema es que si alguna chica está enferma de lo que sea, no le dan la tarjeta y tiene un costo cercano a los 2 mil pesos, los policías llegan y como no tienen tarjeta las extorsionan, les quitan su dinero, si no se dejan las golpean y las llevan a la cárcel».

Afirmó que tampoco hay una separación de las chicas trans y los hombres, y en sus testimonios ellas refieren que si las envían a la cárcel es lo peor que les puede pasar siendo trans.

«Las hacen hacer cosas muy extrañas, pueden ser violadas, en la comunidad LGBTTTI las chicas trans son las más afectadas y en la sociedad también. No sé cuántas trans trabajan ahí, pero son varias, también hay chicos trans y casi no se notan, pero también hay».

Comentó que ciertamente hay muchas otras asociaciones dentro de la comunidad LGBTTTI, pero que en ese cúmulo de personas, muchos solo hacen lo que el Gobierno les dice y están muy aliados al PRI, denunció.

Eso lo señaló como una debilidad que tienen que trabajar para que haya cohesión entre ellos.

«También la presión social se siente, cuando voy al banco a cobrar un cheque se te quedan viendo, ya no me siento tan mal, al principio me costó trabajo», concluyó.

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