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No hay vacuna que cure nuestra enfermedad económica

Mientras México confía en los grandes laboratorios y espera que en noviembre/diciembre llegue al país la vacuna contra el Covid19, los presupuestos 2021 se achican aquí y allá. Ya nuestro flamante secretario de Hacienda estatal, Rodolfo Castro Valdez nos informó que al cierre de agosto pasado se había abierto un boquete de 2 mil 90 millones de pesos, derivado de los recortes de las participaciones federales y la baja recaudación.

Y eso que aún no cierra 2020, y la pandemia sigue produciendo estragos entre las empresas micro, pequeñas, medianas y grandes.

En tanto que muchas de las dos primeras categorías quebraron, las dos últimas están teniendo grandes problemas para sostener sus plantillas de trabajadores y cumplir sus compro-misos fiscales y con sus proveedores.

Y es que el consumo interno se frenó, pero también la producción de bienes de consumo, a causa de la contingencia.

Algunos gobiernos ven la aparición de una vacuna contra el virus como el punto de partida para iniciar un gigantesco plan de recuperación de “todos juntos por el país”; sin embargo, ayer se conoció el fracaso de una de las investigaciones que estaban más avanzadas.

La firma inglesa AstraZeneca anunció que la experimentación de su vacuna había fracasado temporalmente porque una persona que había recibido una dosis de la vacuna en experimentación, había sufrido daños secundarios. Y aunque el experimento inglés continuará, haciendo las correcciones necesarias, ya no estará listo para finales de octubre como se había proyectado.

México había cifrado grandes expectativas en la vacuna de AstraZeneca porque ahí participa la Fundación Carlos Slim.

A cambio de ese revés temporal, el Gobierno de México asegura que también se tienen encendidas veladoras a las experimentaciones que se hacen en Rusia, China y Estados Unidos, cuyos gobiernos han prometido un trato diferenciado a nuestro país.

No se entiende muy bien lo que dice el Presidente López Obrador, pero suponemos que “trato diferenciado” significa que esos gobiernos nos pondrían en una buena posición en la fila de ansiosos clientes de la cura contra el “enemigo invisible”.

Mientras tanto, decimos, nuestras autoridades como el mismísimo secretario de Hacienda, Arturo Herrera, ya han hablado de las limitaciones que habrá a nivel nacional y, por supuesto en los estados, en materia de participaciones federales, lo que se traduce en presupuestos estrechos que reducen la capacidad de respuesta de los gobiernos locales a los desafíos en sus comunidades.

Con o sin vacuna, los gobiernos del mundo ya han comenzado a restablecer lentamente sus economías, haciendo más con lo poco que están generando los mercados externos e internos.

México no debía estar pensado en la vacuna como el punto de inflexión para comenzar nuestro propio rescate.

Porque las vacunas, no se tendrán antes de diciembre.