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La trágica visita familiar de un chico estadounidense a Jerusalén Este

Como recompensa por sus buenos resultados en la escuela, desde principios de junio el estadounidense Tariq Abu Jadair visitaba por primera vez en siete años el lugar de origen de sus padres, el barrio palestino de Shuafat, en Jerusalén Este. Allí, Tariq, de 15 años, se había hecho muy cercano a su primo Mohamed -un año mayor que él- y disfrutaba, junto a sus padres y dos hermanas menores, de un verano aparentemente feliz y muy distinto a su día a día en el sureste de Estados Unidos.

Pero el pasado miércoles 2 el panorama se transformó dramáticamente. Apenas cinco minutos después de estar con él, su primo Mohamed fue secuestrado y al poco tiempo fue hallado muerto tras haber sido quemado vivo presuntamente por un grupo de ultraderechistas judíos como venganza por el asesinato de tres estudiantes judíos de 16 y 19 años, cuyos cadáveres habían sido encontrados dos días antes en Cisjordania tras más de dos semanas desaparecidos. El Gobierno de Israel culpa de este crimen a la organización islamista Hamás -considerada un grupo terrorista por la Unión Europea y EE UU-. Los hechos han propiciado una intensa escalada violenta entre Israel y Hamás.

El fallecimiento de Mohamed desató la ira en Shuafat, desencadenando los mayores disturbios en Jerusalén Este en los últimos años. La mecha se prendió rápidamente y se giró en contra de Tariq. El adolescente -nacido en el estado de Maryland y que desde hace cuatro vive en el de Florida- fue detenido el jueves 3, junto a otras cinco personas, por agentes policiales, que le propinaron una brutal paliza, según revelan dos vídeos difundidos en Internet.

La reprimenda, con continuas patadas en el cuerpo y la cabeza cubierta, fue censurada por el Departamento de Estado de EE UU, que reclamó una “investigación transparente y creíble” de los hechos. En una llamada telefónica, el presidente estadounidense, Barack Obama, le expresó su «preocupación» por los hechos al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aunque subrayó los «esfuerzos» de Israel por resolver el caso. La policía acusa al adolescente de haber participado en los disturbios en el barrio y de llevar un tirachinas. Él lo niega y asegura que «simplemente estaba mirando» las protestas.

Israel asegura que detuvo al adolescente porque participó en las protestas violentas tras la muerte de un primo suyo, que había sido quemado vivo por radicales judíos

Tras prestar declaración en un juzgado, el domingo Tariq fue liberado y condenado a nueve días de arresto domiciliario. Las imágenes de su boca, nariz y ojos con moratones y muy hinchados han puesto en vilo a sus numerosos familiares en EE UU y han recibido un amplio eco en los medios estadounidenses. “Es asqueroso. No puedo describir lo que siento cuando veo el vídeo”, deploraba el pasado martes Hakem Abu Jadair, un primo de Tariq, en un encuentro con periodistas en Washington.

Hakem, de 24 años y también oriundo de Maryland, considera al adolescente un “hermano” junto al que creció en Baltimore, a las afueras de Washington, y que vio por última vez hace seis meses en una visita que le hizo a Florida. Su madre es hermana del padre de Tariq y tiene familiares repartidos en otros doce estados del país. Con una enorme frustración, explicaba que el miércoles 2, tras conocerse la muerte de Mohamed -al cual también conocía pero más de lejos-, le mandó a Tariq un mensaje por Internet instándole a “permanecer seguro junto a su padre y alejado de las calles”. Sus deseos no podían ser más fallidos al día siguiente.

Pero lo que más preocupa a Hakem, que suele viajar cada uno o dos años a Shuafat, en Jerusalén Este, es cómo esa dramática experiencia puede traumatizar profundamente a su primo. “Las vacaciones supuestamente tienen que ser divertidas”, lamentaba. Evitando entrar en detalles, sugería que Tariq está moralmente hundido y revelaba que desconoce cuándo volverá a EE UU. Inicialmente, iba a hacerlo el día 16 pero, según la prensa estadounidense, no lo hará hasta finales de mes.

Su tía Maria Ody, nacida en EE UU de origen árabe y que reside en Baltimore, lo describía como un “chico dulce y alegre” al que ve con regularidad en bodas de familiares en el país. Tariq estudia en una escuela islámica privada en Tampa, juega al fútbol y le gustaría estudiar administración de empresas o ingeniería electrónica en la universidad. Vive con sus padres, que trabajan en un restaurante, en una casa cercana a una mezquita en esa ciudad de Florida. En definitiva, es un chico normal, destacan sus familiares.

La brutal paliza al estadounidense, que vive en Florida y visitaba los orígenes de sus padres por primera vez en siete años, ha sido criticada por el presidente Barack Obama

Desde la lejanía, Maria espera que los tribunales israelíes actúen con justicia contra los perpetradores de la paliza y sueña con que el caso de su sobrino suponga un punto de inflexión en la enquistada disputa entre israelíes y palestinos. En cambio, Hakem se muestra mucho más escéptico. “Es tristemente común”, señalaba respecto a los abusos policiales. “No es sorprendente. Seis primos míos están actualmente en la cárcel”.

También lo hace otra prima del joven golpeado. “Mientras haya una ocupación [israelí], no habrá paz. [Los palestinos] no tienen libertad de movimiento, de ver a sus familias. Hay desempleo y pobreza”, subrayaba Zakia Abu Jadair, de 27 años y nacida en Maryland. Su padre también es oriundo del barrio de Shuafat, que ella visitó únicamente en 2005. Pese a ello, enfatizaba que su identidad está plenamente condicionada por su legado árabe: “Mis padres han estado activos políticamente desde que era niña. Y por eso soy trabajadora social porque quería justicia para la gente que ha estado oprimida. Eso me viene de ser palestina”.

Una justicia que ahora reclama para su primo Tariq. Aunque muchos son conscientes de que, pese a la brutalidad, tristemente su caso ha resaltado y ha adquirido relevancia diplomática por el hecho de que sea un ciudadano estadounidense. “Es preocupante que así sea. Esperemos que sirva para poner en el foco a los muchos palestinos que sufren diariamente injusticias similares”, terciaba Zainab Chaudry, presidenta del Consejo de Relaciones Islámicas Americanas.

La organización, con sede en Baltimore, está colaborando con el Departamento de Estado para garantizar que Israel investigue y juzgue a los autores de la paliza, y que Tariq reciba una adecuada atención médica y psicológica tras un trágico suceso que condicionará para siempre el que debía ser un viaje feliz a los orígenes de sus padres como premio por haber sacado buenas notas en la escuela.

Fuente: elpais.com

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