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Entrevista exclusiva a Benjamín García en 1989: Ser Honesto… ¡Si Paga!

El derrotero de un socio distinguido del Campestre. 2da. parte.

HABÍA ADQUIRIDO MUCHOS conocimientos sobre cómo manejar el dinero, cómo atender al público, etc. En particular, me fue útil que sabía cómo tratar a los clientes.

¿Lo anterior lo consiguió mediante psicología o investigación?

Más por lo último. Desde luego, encontrando la forma de que los bancos proporcionen a uno información que se supone confidencial. Es claro que mientras más se apueste, más porcentaje le queda a la casa.

¿Cómo se inició en el medio político y social?

Precisamente en el hipódromo comencé a relacionar al señor Alessio con las cámaras de comercio, en las cámaras privadas y con personalidades de San Diego, Los Angeles, Tijuana, etc. En lo político, atendíamos a los funcionarios que venían de México.

¿Fundador y primer presidente de Kiwanis en Tijuana?

Así es. Eso fue en 1972, así que llevo 25 años en la brega. Integramos un centro especial de cáncer, ahora tenemos una clínica dental, una clínica de cardiología y un centro de investigación de la leucemia. Naturalmente en una escala reducida, ya que no es posible cubrir todas las necesidades y compromisos que ello implica.

¿Cómo se inició la Cámara de Turismo en Baja California?

Precisamente en tiempos del lic. Miguel Alemán y dada su estrecha amistad con don Juan Alessio, el primer magistrado quiso que se formaran las primeras Cámaras de Turismo en Baja California. A mí me tocó organizarlas y ser también su primer presidente. Recuerdo por ese tiempo mi ingreso como socio del Club Campestre y al Centro Mutualista de Zaragoza. Esta ampliación de mis relaciones sociales me permitió conocer al general Abelardo L. Rodríguez que, junto con Enrique Nájera, el lic. García González, nos donaron los terrenos que hoy ocupa el Campestre.

¿Desempeñó ahí algún cargo?

Sí, fui tesorero durante 2 años, justamente a raíz de que se devolvieron al Club los campos de Golf que estaban ocupados por el Hospital Civil.

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¿Quiere usted decir que el Hospital Civil no estuvo  siempre en el predio que hoy ocupa la Ibero?

Exactamente; se hallaba en terrenos del Campestre y por disposición del lic. Miguel Alemán se construyó precisamente enfrente. Esto es donde hoy está elplantel. Por cierto que aquello estaba hecho un asco y que hay que mencionar a don Antonio Martínez, a David Cota que contribuyeron con trabajo y medios para transformar aquello en un lugar agradable; recuerdo también a Rodolfo Gil. No éramos muchos socios, pero eso sí, muy entusiastas y activos.

¿Y cómo se arreglaron para hacerse de los fondos que requería la empresa?

Empezamos a trabajar vendiendo acciones, reforestar todo aquello, sembrábamos y barbechábamos. Le dimos “nueve hoyos” al compañero que asumía cada tarea y siempre contamos con el apoyo del general Rodríguez, gran entusiasta de todo lo que fuera mejorar la imagen de nuestra naciente ciudad.

Propiamente, iniciamos una reestructuración radical del viejo edificio y sus instalaciones. Haciendo un recuento de sus logros, ¿cómo los calificaría?

Kiwanis, el Campestre y las clínicas han sido un éxito rotundo; en todo caso ha fallado un poco el Patronato de la Universidad de Baja California; esto lo puede constatar el doctor Conrado Noriega, su vice-rector.

¿Qué méritos le abona al Club Campestre y por supuesto, a los hombres generosos y buenos tijuanenses a los que se debe su éxito?

Al favorable cambio que se ha dado a la imagen de nuestra ciudad. Se creía que aquí todo era juego y desorden, pero eso fue cosa de los reporteros despistados que vinieron en plan de “acridios”, como se les llama en la jerga periodística a quienes se dedican a esquilmar, en vez de informar. Se fueron al peor de los extremos y nunca vieron un club social con todas sus constructivas facetas de convivencia digna, amor al deporte y de una sociedad culta y decente.

¿Qué recuerdos tiene del general Interino de México?

Solía decirme con frecuencia: “Tenemos que mejorar la imagen del Club; hacer otra casa nueva, atender los pastos, las instalaciones y construir un salón grande donde se hagan bailes, reuniones para los muchachos que vengan a celebrar aquí sus graduaciones, sus eventos sociales”. Qué hermoso es contemplar que todo eso se está haciendo ya desde hace algunos años en el Campestre.

¿Cree usted que pertenecer al Campestre es un “elitismo” en Tijuana?

Se trata de un club privado, pero no estamos cerrados para nadie, sólo exigimos que sus socios sean personas de probada decencia. Los medios es cuestión secundaria.

 


 

 

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