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El Supersecretario en su laberinto

Hay algunos personajes de la política local que soñaron otros escenarios en estas fechas. Algunos de ellos ya se les ve decepcionados de las circunstancias en las que trataron de hacer gobierno y que no les funcionó sino por el contrario, les perjudicó en sus pretensiones de ascender o de consolidarse en la política, pero principalmente en la administración pública.

Quizás el cambio de aspiraciones -de la administración pública saltar a la política electoral- fue el error o el pecado más grande que hubiesen cometido.

Es el caso del titular de la Secretaría de Economía Sustentable y Turismo (SEST), el reconocido tijuanense Mario Escobedo Carignan.

Aunque el nombre de la dependencia no lo dice, la oficina que aún comanda el tijuanense gestiona cuatro grandes actividades esenciales en la vida de una entidad: El desarrollo económico, el turismo, el medio ambiente y la actividad pesquera.

En efecto, una supersecretaría. Es muy probable que quien lo puso ahí, además sus amigos, colegas y contertulios, le hubiesen dicho que lo habían premiado. Por supuesto, nadie le dijo que se había sacado la “rifa del tigre”.

Al principio parecía que esa gigantesca palanca de gobierno le serviría al secretario para edificar un proyecto, fortalecer su imagen y pavimentar la pista de aterrizaje para lo que quisiera en el futuro inmediato.

Sin embargo, nadie le dijo que había elementos en contra que neutralizarían muy probablemente los impactos de ejercer esa superdependencia estatal.

Primero: La gestión era solo de dos años, y transcurrido el primero ya había que estar pensando si quedarse en la SEST o, como lo había pensado siempre -o como alguien le hizo que pensara así- lanzarse a las tribunas públicas y las del partido, a buscar una candidatura. Fue un salto al vacío. De todos es conocido el resultado.

Segundo: Para amigos y empresarios era sabido que el supersecretario tenía una dependencia de muy largo nombre y demasiadas responsabilidades, pero muy corto presupuesto y esca-so equipo logístico y humano.

Tercero: Posiblemente por el “espíritu” de la 4T o por la impericia para gobernar, la muy breve administración estatal se dedicó a atacar frontalmente a los empresarios de Baja California, y lo peor, en tiempos de pandemia. El gobierno y el congreso crearon nuevos impuestos, hizo de la COEFRIS un arma letal y corrupta y de la CESPT, una especie de pandemia nativa.

Atónitos y enojados, los representantes de la iniciativa estatal vieron destruirse todos los puentes que se habían edificado hasta antes del 2019, entre empresarios y servidores públicos.

Y finalmente, la misma sin razón de una de-pendencia que en realidad era una babel con demasiados laberintos y con pocos recursos para anclar en la realidad, los cientos de proyectos oficiales que necesitaba el estado, y los que proponía la clase empresarial de Baja California.

Todo un drama, porque la cuna de Mario Escobedo es el sector empresarial, muy cercano al turismo.

En este abril, se escucha una sola voz entre la iniciativa privada estatal. “Mario Escobedo fue víctima de las circunstancias; tan buen elemento que es”.