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¡Descanse en paz, Don Héctor!

Me imagino que todos, alguna vez, he-mos soñado con algún personaje de la historia que nos gustaría haber sido.

Alguien que haya tenido el valor de vivir intensamente sus ideales y haber trabajado sin egoísmos y vanidades.

Un hombre con estas cualidades y al que ad-miro profundamente por haber sido total e incon-dicionalmente congruente con sus principios y con su amor a Baja California es don Héctor Terán.

El viernes 4 de octubre se cumplieron 21 años del fallecimiento de este caballero de la política, y don Héctor no se escapa de mi memoria.

¿Por qué la partida de un político me hace sentir así? ¿Será porque desde que buscó la senaduría de su partido lo tuve sentado a un lado de mi escritorio, y cuando fue postulado candidato a la Gubernatura del Estado regresó al mismo sillón para detallarme la oferta política que propondría a los bajacali-fornianos? ¿Será por eso que me acostumbré a su presencia? ¿O será que quien fue gobernador de Baja California inspiraba bondad y confianza? ¿O será que cada día son menos los políticos capaces, generosos, en favor de una política del diálogo y la conciliación?

Es un hecho que la muerte, al llevarse a don Héctor Terán Terán, se llevó a uno de los pocos –y auténticos– personajes políticos que nos quedaban en la entidad. Y es que la capacidad que tuvo quien fuera Gobernador Constitucional de Baja California para ser tolerante e incluyente fue enorme.

La historia se ha encargado de probar que lo que pensó e hizo fue lo correcto en ese momento.

El solo hecho de que hoy en día puedan existir Teranes en potencia me alienta a pensar que no todo está perdido en este mar de confusión y de egos inflados por la ignorancia y la vanidad.

¡Descanse en paz, don Héctor!

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