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Cae el primer pez gordo

Sin duda el encarcelamiento de la ex secretaria del gobierno de Peña Nieto, Rosario Robles Berlanga, ha sido la noticia de mayor impacto a nivel nacional durante esta semana.

La orden de un arresto preventivo la dio el juez Luis Felipe Delgadillo el martes pasado luego de que Rosario Robles fue sometida a un largo interrogatorio por el sonado caso de la “Estafa Maestra” en donde dependencias federales, universidades y otras organizaciones públicas birlaron unos 5 mil 073 millones de pesos del erario público.

Aunque el confinamiento de Rosario fue celebrado ampliamente en las redes sociales, algunos medios de comunicación cuestionaron la acción del juez y otros se dieron a la tarea de defenderla cuando sabemos que la ex funcionaria pública no es ninguna blanca palomita.

Difícil entender la postura de escritores de prestigio, entre ellos Sergio Sarmiento, cuando primero se dedican a criticar a las autoridades por su falta de acción en materia de corrupción y luego las condenan cuando se deciden a tomar medidas al menos de tipo precautorio.

Estamos de acuerdo en censurar los excesos cuando por ejemplo un comando militar o policiaco irrumpe en un domicilio privado para arrestar a un presunto delincuente dejando una estela de daños y de sufrimiento entre los familiares del perseguido.

Pero el hecho de que Rosario Robles –quien por cierto se las sabe de todas, todas- sea obligada a quedarse en el penal ante el peligro de una fuga, no debiera provocar ningún malestar público salvo en el caso de la afectada y de sus abogados a quienes evidentemente les falló su estrategia.

En contraste, el ex director de Pemex, Emilio Lozoya, sobre quien pesan varias acusaciones graves, brilla por su ausencia y su abogado el controversial Javier Coello Trejo, se da el lujo de presumir que presentará a su cliente hasta que existan las condiciones legales para ello.

Ante ello preguntamos: ¿puede un abogado esconder abiertamente a un prófugo de la justicia sin caer en un delito grave?

Desde su llegada a la jefatura del gobierno de la Ciudad de México en 1998, en sustitución de Cuauhtémoc Cárdenas, Robles incurrió en escándalos políticos que se repitieron con cierta frecuencia a lo largo de su carrera política.

En mayo del 2001 fue acusada de beneficiar a constructores y de inflar los presupuestos para campañas de publicidad.

En esos años inició una relación sentimental con el empresario Carlos Ahumada, quien posteriormente fue a dar a prisión por participar en los video escándalos de funcionarios del gobierno capitalino de López Obrador, posterior al de Robles.

Como dirigente nacional del PRD, Rosario tuvo un desempeño desastroso que la llevó a renunciar en marzo del 2004 dejando al partido sin fondos y con una deuda millonaria.

En febrero del 2018 se destapó el mega escándalo de la “Estafa Maestra” en donde la Secretaría de Desarrollo Social desempeñó un papel central cuando Rosario Robles Berlanga era la titular.

Por todo lo anterior no debe sorprender que una figura siniestra con largo historial como Rosa-rio Robles se le dicte prisión preventiva en tanto se esclarecen el resto de los cargos en su contra.

Celebremos, pues, que la Fiscalía General y las autoridades judiciales hayan tomado el toro por los cuernos y no como ocurría en el sexenio de Peña Nieto quien sin el menor recato le dijo públicamente a la hoy inculpada: “No te preocupes Rosario”.

FRASE DESTACADA: Celebremos que las autoridades hayan tomado al “toro por los cuernos”

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